Piñera en Perú



Cristina Bitar



El viaje de Sebastián Piñera a Lima y sus encuentros con las principales autoridades limeñas, incluido el Presidente Alan García, dieron lugar a una serie de reacciones destempladas por parte de autoridades de gobierno y de la Concertación. Antes del viaje se lo criticó a priori, poco menos que haciendo aparecer como que una visita a Lima era un riesgo para los intereses del Estado chileno, y luego se han buscado interpretaciones a la presencia —en la reunión con el Presidente peruano— de la ministra de Transportes, para intentar mezclar los intereses de LAN con la visita del precandidato presidencial.

Por más que el Gobierno tenga la representación oficial de Chile, nuestro país no se agota en las autoridades de turno. Somos más de 15 millones de compatriotas, entre los cuales hay distintas visiones políticas, sociales, religiosas, culturales y de los más variados ámbitos. De hecho, los representantes políticos de la Concertación viajan frecuentemente y a nadie le llama la atención que se reúnan con líderes políticos de diferentes países.

Tanto es así, que la Cancillería siempre supo de este viaje de Piñera. No sólo lo recibió el embajador en Perú, sino que incluso le entregaron una carpeta de antecedentes para que estuviera al tanto de la situación bilateral y de la posición de Chile con respecto a los límites marítimos. Ello, absolutamente en línea con lo declarado por el propio Canciller, en el sentido de que este diferendo con Perú es un tema de interés nacional, donde Gobierno y oposición están unidos.

Sin embargo, es lamentable ver la desesperación y descoordinación de ministros, embajadores y políticos por este tema. Está claro que esto ocurre porque Piñera es una amenaza política a la permanencia de la Concertación en el gobierno. Todos saben que Sebastián Piñera es hoy día la mejor carta presidencial de la oposición y con altas probabilidades de ser Presidente en 2010.
Por eso, es entendible que en su viaje a Perú haya sido recibido al más alto nivel, por las máximas autoridades de ese país: políticas, empresariales y académicas. Es innegable que el resultado político de su gira a Lima fue bueno.

La molestia de la Presidenta por el nivel de recepción que tuvo Piñera da muestras de la profunda confusión entre los chilenos y su gobierno. El país es de todos, el gobierno es la expresión política de un momento determinado, esencialmente temporal y cambiante. Las democracias consolidadas no confunden estos planos y su Cancillería debe estar al servicio de todos los sectores.

Tal parece que veinte años en el poder han ido confundiendo a los dirigentes concertacionistas, que han empezado a identificar sus intereses con los del país y dan señales de pensar que sólo ellos representan los intereses de Chile. Sebastián Piñera es representativo de una gran cantidad de chilenos, es, hoy por hoy, el candidato favorito a ganar las próximas elecciones presidenciales y es lógico que en Lima lo reciban como lo recibieron. Ello es expresión de que el mundo entiende que Chile es mucho más que la Concertación.

No puedo terminar esta columna sin dejar de mencionar la crítica que ha recibido Piñera por su «doble militancia» entre la política y los negocios. Aunque siempre he pensado que es un tema que él debe resolver lo antes posible, en este caso, creo que la crítica por el tema LAN en Perú es pueril. No podemos olvidar que se trata de una de las líneas aéreas más importantes del mundo. Si esa empresa tiene problemas que resolver en Perú, no necesita un viaje de Piñera para tratarlos. No sólo porque no sería bueno para la empresa que lo hiciera, sino porque, además, todos saben que él está fuera de la administración de la compañía.

“La molestia de la Presidenta por el nivel de recepción que tuvo Piñera da muestras de una profunda confusión entre los chilenos y su gobierno. El país es de todos, y el gobierno es la expresión política de un momento determinado, esencialmente temporal y cambiante”.

Las Segunda